2026-10-11

Una familia argentina guarda en el anonimato una escultura atribuida a Miguel Ángel que podría valer hasta USD 450 millones

Un director de museo la atribuyó al genio del Renacimiento y dos laboratorios de Barcelona analizaron su material. Sería la obra de arte más valiosa de la historia argentina.

En algún lugar de la Argentina, una familia conserva desde hace generaciones una pequeña escultura blanca que fue atribuida a las manos de Miguel Ángel Buonarroti cuando tenía apenas 20 años, en la Florencia de los Médici.

La misma representa a San Juan Bautista niño "Il Giovannino", como lo llamaban en Italia, y podría ser una de las obras perdidas más buscadas del artista que pintó la Capilla Sixtina y esculpió el David.

Si los especialistas internacionales terminan de confirmar esa hipótesis con los estudios que se están realizando en la Universidad de Bolonia, entre otros organismos de prestigio, la pieza podría valer hasta 450 millones de dólares.

Con esa cifra, la familia que la conserva entraría de un día para otro en el ranking de Forbes de las 50 mayores fortunas de la Argentina, a la altura de empresarios como Miguel Galuccio, y con un patrimonio cercano a la mitad del de Lionel Messi.

La atribución que nació hace treinta años

La historia comenzó a principios de los años 90, cuando Ángel Osvaldo Nessi, historiador del arte y director del Museo de Bellas Artes de La Plata, empezó a estudiarla. 

Trabajó sobre ella entre 1993 y 2000 y en 1997 lo certificó oficialmente: para él, era un Miguel Ángel.

El caso llegó entonces a diarios y radios de todo el país, pero varios intentos de secuestro a miembros de la familia determinaron que era momento de guardar silencio y dejar la obra en la colección privada.

Según la reconstrucción histórica, la pieza habría llegado al Río de la Plata en el siglo XVIII y quedó en manos de la misma familia durante generaciones.

Un juez, el Nuncio y un "Niño Dios" robado de la Capilla Sixtina
Antes de llegar a los diarios, la escultura pasó por un juzgado.

En abril de 1995, una denuncia de la Policía Federal basada en datos de informantes aseguraba que enviados no oficiales del Vaticano estaban en contacto para obtener la escultura, supuestamente robada de la Capilla Sixtina cuatrocientos años antes e ingresada de contrabando al país.

La causa quedó en manos del juez en lo Penal Económico Julio Cruciani, que se involucró en persona.

Fue a la Nunciatura Apostólica a consultar al nuncio, monseñor Calabresi, y el 3 de mayo de 1995 participó él mismo del operativo: junto a la Policía Federal y la entonces SIDE, se allanaron la casa de la familia y la de un vecino. La escultura no apareció.

El juez consultó también a dos profesores de la UBA que, sin ver la pieza y a partir de fotocopias de fotografías, descartaron poder atribuir la autoría; uno de ellos dejó constancia de que esas imágenes no alcanzaban para un juicio.

El 23 de mayo de 1995, a pedido de la fiscalía, el juez desestimó la denuncia "por no constituir delito" y la causa número 17.914 se archivó.

Desde entonces, la familia eligió el silencio y la escultura desapareció de la vista pública. 

Hoy aceptaron contar la historia por primera vez, aunque mantienen su identidad bajo reserva por razones de seguridad.

Lo que dice la ciencia

En 1998, Aurelio Álvarez Pérez, de la Universidad Autónoma de Barcelona, analizó muestras de la pieza con microscopía de luz polarizada y difracción de rayos X, y determinó que estaba hecha en alabastro yesoso.

En junio de 2026, con equipamiento de última generación, Josep Oriol Oms Llobet, del Instituto de Geociencias de Barcelona (GEO3BCN-CSIC), volvió a analizarla y confirmó el resultado con mayor precisión.

El dato no es menor: un documento histórico de 1570 describe con ese mismo material otra escultura que durante siglos fue considerada candidata a ser el San Giovannino perdido de Miguel Ángel, y que hoy se encuentra en España.

Todo el material fue reunido por el investigador y documentalista Pablo Semmartin en la monografía Il Giovannino Perduto: una hipótesis atributiva a Miguel Ángel Buonarroti, publicada en el repositorio científico Zenodo (DOI 10.5281/zenodo.22758278) y en Academia.edu.

La investigación de Semmartin, que comenzó en 2020, incluye más de 700 documentos originales de Ángel Osvaldo Nessi y biografías de Emil Ludwig, Giorgio Vasari y Ascanio Condivi, y plantea cinco líneas de evidencia -documentos históricos, testimonios, comparación estilística con la obra temprana del artista y análisis del material- que, en conjunto, sostienen la atribución.

Debido a todo esto, la familia decidió volver a abrirse.

¿Cuánto vale un Miguel Ángel?

Prácticamente nunca aparece una escultura de Miguel Ángel en el mercado. Quienes participan de la investigación estiman que, si la atribución obtiene finalmente el respaldo académico de los estudios en curso, la pieza podría valer hasta 450 millones.

El techo de esa cifra no es caprichoso: es lo que se pagó en 2017 por el Salvator Mundi, atribuido a Leonardo da Vinci, la obra de arte más cara de la historia.

Su autoría todavía hoy es discutida por parte de los expertos, y aun así batió todos los récords.

El caso ya despertó interés en el mercado internacional: el equipo mantuvo encuentros con referentes del sector, entre ellos uno en Londres con el marchand italiano Carlo Orsi.

La vida del heredero, en un documental

La historia de la obra ha sido documentada y reconstruye tres décadas en la vida de quien custodia la escultura: desde el allanamiento de 1995, intentos de secuestro, los años de exilio y una vida entera en el anonimato.

Se reunieron entrevistas con especialistas en Roma, Londres y Florencia, testigos de la causa judicial, miembros del entonces Gobierno argentino y agentes de inteligencia de la entonces SIDE.

La escultura sigue en manos de la misma familia. La diferencia es que ahora decidieron mostrarla y hacer pública una pregunta que durante décadas quedó puertas adentro: ¿hay un Miguel Ángel perdido en la Argentina?

Agencia NA

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